NÁUSEA Y VÓMITO
NAUSEA AND VOMITING – Spanish
Dr. Ryan F. Porter y
Dr. C. Prakash Gyawali, miembro del Colegio Real de Médicos
División de Gastroenterología
Washington University
St. Louis, Missouri
La náusea es aquel deseo fuerte y desagradable de vomitar. El vómito es la expulsión violenta por la boca de los contenidos estomacales. Por lo general, el vómito es un mecanismo protector para expulsar alguna sustancia nociva ingerida, pero también puede ocurrir debido a varias otras afecciones infecciosas o inflamatorias del organismo que no se relacionan con ese tipo de ingesta. Los músculos de la pared abdominal se contraen fuertemente a fin de crear la presión necesaria para vomitar (arcadas). Las arcadas no siempre se presentan con vómito, sino que pueden estar precedidas o seguidas del mismo. Por su parte, la náusea puede ocurrir sin vómito o antes de éste.
Se debe distinguir entre vómito y regurgitación, que consiste en expeler por la boca sin esfuerzo bien sea los alimentos tragados o el ácido estomacal. La regurgitación no se relaciona ni con la náusea ni con las arcadas. Cuando el material regurgitado sabe amargo y agrio, esa podría ser una manifestación de reflujo ácido; pero cuando sabe igual que la comida ingerida, indica que existe un problema en el tránsito de la comida desde el esófago hacia el estómago. Rumiar es otro síntoma que podría parecerse al vómito y consiste en regurgitar los alimentos ingeridos, volviéndolos a masticar o tragar, y es un comportamiento aprendido que el paciente podría considerar agradable.
La náusea y el vómito son síntomas que producen malestar y pueden hacer difícil el acudir al trabajo o realizar las actividades cotidianas. De hecho, la pérdida de la productividad laboral y los gastos médicos pueden ser un asunto importante que deriva del hecho de sentir náusea o vómito después de una operación o debido al embarazo, e incluso por una enfermedad infecciosa aguda. Se calcula que en Estados Unidos el costo de una infección estomacal aguda (que generalmente deriva en náusea y vómito agudos) sobrepasa los 100 millones de dólares anuales sólo en gastos médicos, pues el costo de la ausencia laboral y de la pérdida de la productividad serían incluso mayores. Algunos pacientes consideran que la náusea y el vómito después de la cirugía son peores que el dolor. A consecuencia de presentar náusea y vómito después de un procedimiento quirúrgico, la persona puede permanecer más tiempo en el hospital y aumentar el costo de la hospitalización. Durante el embarazo, hasta 8 de cada 10 mujeres pueden tener náusea y vómito durante los primeros meses y el resultado sería de ausencia laboral o del hogar mismo. La náusea y el vómito a consecuencia de la quimioterapia recibida para cáncer puede hacer que el paciente sea menos capaz de cumplir con los quehaceres domésticos, de pasar tiempo con otras personas y de realizar sus actividades cotidianas.
Entre las causas comunes para sentir náusea y vómito están las siguientes:
La náusea a menudo se describe como una “sensación de mareo” o sentirse “enfermo del estómago”. La náusea podría ocurrir con o sin vómito y, de igual manera, puede haber vómito sin náusea. Estos síntomas podrían presentarse acompañados por una sensación de rubor, sudoración, salivación, mareo o molestia en la parte superior del abdomen. Entre los síntomas importantes están: anorexia, menos interés por comer, sitofobia que consiste en miedo a comer debido a síntomas desagradables, y saciedad precoz que consiste en sentirse lleno después de ingerir sólo poca cantidad de comida. Los síntomas vinculados a la náusea y al vómito, así como las circunstancias antes de la aparición de éstos pueden ayudar al médico a determinar la causa. Los médicos pueden con mucha frecuencia diagnosticar la causa para náusea y vómito agudos sólo con escuchar el historial del paciente y realizar un examen físico. No obstante, la náusea y el vómito crónicos, que por definición ocurren cuando los síntomas duran más de un mes, son más difíciles de diagnosticar y tratar.
La causa de un evento agudo de náusea y vómito normalmente se determina mediante un historial detallado y un examen físico. Se realizan más exámenes solamente cuando la causa es incierta. A veces, también se hacen análisis para determinar si la náusea y el vómito dejaron consecuencias nocivas. Cuando la náusea y el vómito son resultado de una enfermedad menor o de algún problema de corta duración, podría haber una cierta inquietud, pero el médico será quien determine la necesidad de hospitalizar al paciente o la probabilidad de realizar más exámenes de manera ambulatoria y la posible utilidad de los medicamentos. El ingreso al hospital es más común entre los ancianos y los niños tiernos porque ambos se deshidratan rápidamente. Ante diarrea o deshidratación, o cuando ambas se presentan juntas, podría ser necesario administrar líquidos por vía intravenosa y, para ello, es preciso acudir a un consultorio médico, a la sala de emergencia o hasta ingresar al hospital. Por último, aunque la náusea y el vómito no fueran particularmente graves, cuando los síntomas no mejoran después de transcurridos varios días, podría ser necesario ingresar al paciente al hospital para realizarle más exámenes o administrarle otros tratamientos.
Lo recomendable es evaluar la náusea y el vómito con un abordaje de tres pasos. El primer paso es evaluar y tratar las consecuencias nocivas de la náusea y del vómito, tales como deshidratación o alteración de los niveles de las sustancias químicas de la sangre (desequilibrio de electrolitos). Luego, se debe investigar la causa para la náusea y el vómito. Por último, si no fuera posible determinar la causa, se inicia la terapia para mejorar los síntomas.
La deshidratación y/o el desequilibrio de electrolitos y minerales que circulan en la sangre puede ser problemático cuando el vómito es fuerte o prolongado. Esa es una de las consecuencias agudas más importantes de la náusea y del vómito. La evaluación consiste en medir los signos vitales (pulso, presión sanguínea, temperatura), realizar un examen médico en busca de señales de deshidratación, revisar los niveles de las sustancias químicas de la sangre, evaluar las funciones renal y hepática mediante análisis de sangre y realizar otros exámenes como un ECG. El tratamiento consiste en administrar líquidos intravenosos que, a veces, también contienen otras sustancias químicas (lactato de Ringer, líquidos con más potasio o magnesio).
Cuando los síntomas se prolongan, la persona podría perder peso o sufrir de mala nutrición. A fin de evitar o revertir la pérdida de peso, se podrían administrar suplementos nutritivos, como alimentación directa al intestino (nutrición enteral) y, ocasionalmente, alimentación a una vena principal (nutrición parenteral).
Las arcadas o el vómito violento pueden llevar a sufrir desgarros en la unión intestinal, donde el esófago se une al estómago. Cuando dichos desgarros ocurren sólo en el revestimiento interior, se conocen como desgarros de Mallory-Weiss y pueden ocasionar sangrado intestinal. La presencia de sangre oscura o de color rojo vivo en el vómito o en el recto podría deberse a desgarros de Mallory-Weiss. Rara vez se producen desgarros en toda la pared del esófago, derivando en una perforación y fuga de los contenidos estomacales fuera del intestino o síndrome de Boerhaave, que constituye una situación grave, capaz de conducir a la formación de un absceso o recolección de líquido en la parte inferior del pulmón izquierdo por lo general. Las arcadas violentas pueden ocasionar hematomas dolorosos o desgarros en los músculos de la pared abdominal.
Después de obtener el historial detallado y realizar un examen físico minucioso, el médico generalmente puede determinar la causa para la náusea y el vómito. A fin de descubrir el diagnóstico, es bueno saber qué precedió a la aparición de la náusea y del vómito, además de los síntomas posteriores a éstos:
Si después de tomar el historial y realizar el examen físico, el diagnóstico aún fuese incierto, se podrían realizar los siguientes exámenes para que el médico cuente con más información:
Si pese a una minuciosa búsqueda todavía no fuera posible establecer la causa para la náusea y el vómito, y si los síntomas no se controlaran con el tratamiento normal, valdría la pena recurrir a exámenes psicológicos o a una consulta psiquiátrica. El vómito de origen psicológico y los trastornos de alimentación, como la anorexia nerviosa o la bulimia, se reconocen como causa para estos síntomas.
El tratamiento de la náusea y vómito depende de la causa, pero las siguientes medidas generales sirven para todos los pacientes que tienen mucha náusea y vómito.
Es posible evitar la náusea y vómito esporádicos de causa conocida, como mareo por movimiento, quimioterapia o anestesia quirúrgica, con medicamentos que se toman justo antes del evento o de la administración de los medicamentos que los provocan. Los síntomas que obedecen a medicamentos y toxinas mejoran cuando se suspende el fármaco o toxina. El mareo por movimiento de la mujer encinta normalmente se resuelve según avanza el embarazo o con el parto. La náusea y el vómito debidos a trastornos crónicos, como problemas funcionales, trastornos psiquiátricos, trastornos endocrinos o cáncer podrían ser difíciles de tratar y quizás sería preciso recurrir crónicamente a medicamentos para controlar los síntomas. Cuando la náusea y el vómito se vinculan a infecciones o inflamaciones, los síntomas generalmente se resuelven por completo al tratar la afección primaria.